martes, 4 de octubre de 2011





LA ESPERANZA



a Rodolfo Leiro

"el tiempo es inexistente como el espacio"

mlpa



Tienes mi viejo noventa y un años

y una mirada alta muy alta

no puedo alcanzarte

con mi mirada



Tienes un cielo mi viejo

azul a gris como ríomar-agua

y una cuarentena de libros arropados

a tu cuerpo cual escamas



Tienes mi viejo del tiempo la memoria

a caballo llevas la memoria,

universo de costumbre cotidianas



Tienes mi viejo la esperanza y la voz

del poeta cuando hablas,

en el sillón te veo

desde mi ser en pausa



Es una figura la tuya bien nuestra

como nuestros tus acentos y palabras;

no te preocupes no,

estamos sin dolor mirando el patio

de la casa



Hoy, viejo lindo,

las luces nos juegan mal;

estamos todos como si nada.

Marta L. Pimentel Álvarez

martes, 14 de junio de 2011








Yo Neruda

Desde el tren sentía el canto de las montañas,
frío de la inmensidad;
desde el quejido del aire en los aceros
venía la luz del magma a los ojos entreabiertos,
Y era un pájaro herido contra el fuego,
Y era cóndor y era mástil, y era cierto
mi perplejo adormecer
en el silencio de las olas,
allá en el mar frío y gélido.


Era tarde, yo recuerdo,
a un niño entusiasmado con los ecos
de los dioses que recitan en los pueblos.
Eran ellos mi secreto, y era cierto,
que habitaba en mí el suspiro de los cielos
a temporales casi eternos.
Era yo un distraido en el desierto
de las voces legendarias de otros pueblos
araucanos, todo sangre, todo hierro.
Lejanía de la muerte a los versos.
Lejanía del niño y mi silencio.

Fue mi madre sembradora de nostalgía en mi alforja,
que callaba y callaba en pausa suave
de la ausencia que dolía más que el cielo.
A ella debo mi voz como a un quebranto,

rajasdura de los vientos;
Fui yo Pablo Neruda su semilla puesta al suelo.
Así como las plantas crecen frente al firmamento
han estampado con mi nombre su recuerdo.

A mi pueblo dejo escrito hasta mis versos.

Nada debo, todo dejo.

He dejado a mi Matilde en la casa
junto a mí como señora de su huerto,
jamás fuimos forasteros, ella sabe,
jamás fuimos mal vecinos, aún estamos.
Beso el mar que me saluda cuando paso.
Vivo entero en mi casa, no he muerto.

MARTA L. PIMENTEL ÁLVAREZ
10 de junio 2011, Paraná
Homenaje a los 107 años del natalcio
de Pablo Neruda, Isla Negra, Chile.

miércoles, 1 de junio de 2011





De "Los Versos de Juana II"



I




Mujer arropada por el viento

¿dónde estás?

¿duermes?



Vigilantes estrellas de los polos

lanzadas por los aires,

¿dónde está?

¿duerme?

...


Tengo tu voz cargada de nostalgía,

mujer arropada por el viento

¿por qué callas?



Soy espejo atravensando tu historia

para penetrar tu olvido,

¿me has querido?

...



Estrújame hasta la marea nueva

arrastrando nácar hasta el agotamiento.




Abro los brazos para tu resurgimiento

tan plena como el aire altivo,

¿no me sientes?

...



De una vida vengo a otra vida

acompañando tu destino mi destino.



Mujer arropada por el viento

¿por qué callas?

¿Me has querido?


Marta L. Pimentel Álvarez

miércoles, 6 de abril de 2011



La Justicia


La justicia con que mide el hombre su injusticia, la misma que la cultura impone como tenaz, infranqueable, la misma que se desvela por las noches entre líneas de notarios, la justicia impartida, la sed de verdad divina de los hombres, no la verdad de los hombres ni la divina verdad, ni mucho menos la justicia divina. Ella integra el paquete de mentiras impiadosas con que se vive en cada ciclo, en cada comunidad de semidioses y semidivinas, ella tiende a ser ajena al ocultismo, la razón de la injusticia. La justicia va al ritmo del poder que la armoniza. Mira tu comarca cuando hablas de justicia, y sus prioridades, y su felicidad, entonces sabrás que el juez, es hijo tuyo, no es ajeno a las normas aprendidas por ti.


"L´Argentina"

Marta L. Pimentel Álvarez





La otra Marta



La otra me persigue cuando voy o cuando vengo, sus ojos achinados, su pierna coja y sus dedos entrelazados con la nada. Las otras Marta, tienen nombres y apellidos son como las flores cuando todas se parecen, como ella, como yo, que soy igual pero acaso diferente en la melena, en el color de mi piel, en el talle de mi ropa. Aquella tiene la ¨ suerte ¨ de ser rica y la desgracia de la orfandad, las otras vivieron la guerra del silencio y el olvido en la negra África. Y si acaso al contemplarme me dibujo con la menos perseguida, la más atenta, “la que fue”, su alma de poeta me trasciende como el vino en la garganta, a ella debo mi pausa, y ella me debe los recuerdos olvidados para nacer de nuevo, para ser yo, una flor que se parece como todas las flores entre tantas. Mira sino las siemprevivas, se parecen mas no hay una igual a la otra.


"L´Argentina"

Marta L. Pimentel Álvarez



LOS LIBROS


Escucho las voces que emergen de los libros viejos, y las almas de las voces, escucho el silencio de las voces que las palabras no dijeron, y asimilo la ausencia como presencia absurda sin voz, sin ojos para mirar lo más ínfimo. Los libros hablan junto a los cuadros en mi casa, y brotan a estampidas las ideas de los hombres muertos, jamás entenderé para qué se escribe si después, nadie lee entre líneas, solo se recuerda la historia de la no historia y bien escrita.


"L´Argentina"

Marta L. Pimentel Álvarez

miércoles, 30 de marzo de 2011



Los pájaros


Siempre atentos, en el día cantan y lloran por las noches, sus alas secas de rocío dentro de las jaulas se ponen tiesas entre relámpagos detrás de los vidrios de las otras ventanas. Ellos no saben volar, hace tiempo que no saben para qué sus alas, para qué tanto espacio en el espacio si con su jaula alcanza. Entonces, amanece y la lluvia se instala en la garganta del cardenal como si fuera a parir la primavera.

"L´Argentina" - (pág.1) -

Marta L. Pimentel Álvarez